De dónde venimos, a dónde vamos

Tiempo atrás, casi 1 siglo concretamente (1949), nacía en EEUU el Rythm & Blues (R&B) fruto de la mezcla del jazz, blues y el gospel. De él nacerían otros géneros, como el rockabilly (al recibir influencias del country) y el gran rock & roll. Hoy día cantantes como Mariah Carey, o Black Eyed Peas, se definen como cantantes de R&B, sin tener nada que ver con el original, imagino que de esta manera alardean de antepasados luchadores en tiempos difíciles. Pero bajo mi juicio, deberían haber buscado otra denominación, evitando así confusiones futuras, ya que son estilos muy diferentes. De todos modos, quiero solamente destacar la importancia de este género en sus inicios, ya que la música de hoy día proviene en un porcentaje altísimo de aquel R&B lejano, que nos descubrieron The Platters, Fats Domino, Solomon Burke (en el vídeo a continuación), etc.

Era la primera vez que se usaba la pasión más primitiva para cantar desgarrando la voz, reflejando así una rabia tan juvenil como humana y dando el primer paso para que la gente no se asustara cuando, años más tarde, nacieran estilos como el heavy metal y el grunge. Sorprende, ya que en miles de años de historia era la primera vez que la música popular evolucionaba para convertirse en música de masas. Da que pensar, y mucho. A partir de ese vital paso musical que dio la comunidad negra surgieron inmensas figuras brillantes como Elvis Presley, genial cantante que captó la mirada de los blancos hacia este género y que asentó, pero no creó, las bases del rock & roll, los Beatles, los Rolling Stones, Led Zeppelin, ABBA, The Clash, Michael Jackson, Queen, Nirvana, Oasis, Coldplay, Kings of Leon y Band of Horses, entre muchos.

Hasta aquí un brevísimo resumen de la historia del rock, género que hoy día tiene infinidad de formas y denominaciones, pero todos coinciden en el punto de partida. Y de estos géneros surge, ahora hace poco más de 20 años, el indie. Un género que no deja de ser pop, rock, baladas de siempre, con más o menos mezclas de colores, gestionado todo ello sin el uso de grandísimas compañías musicales, en la mayoría de los casos. Pero ahora el indie está de moda. Y hay muchos indies repartidos por nuestro país, tanto bandas como seguidores del género. Y hay mucha gente a la que le gusta verborrear sobre ello, algunos para demostrar sus cuestionables conocimientos sobre la materia, y otros por pura pasión.
Como miembro de Wiggum, recién aterrizados en la escena independiente española, he podido por fin tratar con gente de ambos derroteros. Sorprendentemente me he encontrado con una gran cantidad de “sabelotodos” musicales que nunca han escuchado The Beatles, no tienen ni idea de quiénes fueron Chuck Berry o Marvin Gaye, y que se auto-otorgan el poder de opinar, criticar y axiomatizar pensamientos basados en una gran ignorancia musical. Algo que personalmente me impacta. No me cargaré el dicho de “sobre gustos no hay nada escrito”, pero no podemos aceptar como adulable la opinión de alguien que sólo ha prestado atención a la música de los últimos 10, 20 o 30 años. Tampoco nombraré a nadie como culpable, ya que simplemente escribo sobre un sentimiento que me surje tras unos meses intentando entrar en ciertas ondas, y en las que estoy convencido que nunca seré bien recibido.

En entrevistas se puede encontrar muchas bandas que citan influencias a cada cual menos conocida. Queda bien, viste intelectualmente decir que tus ídolos son auténticos desconocidos. Qué bien se siente uno al decir que el mainstream no te gusta (o sea, no te gusta algo porque vende mucho, es curioso). Y qué placer genera enseñar una canción rara y gutural con la que puedas demostrar que a ti te va lo rebuscado y lo raro. ¡Qué listo se siente uno! Pero hay mucha mierda apestosa pululando por ahí que la gente sirve como si fuera caviar, snobismos efímeros en formas de discos que en pocos años reposarán en vertederos. Y la culpa no es de las propias bandas. Hagan lo que hagan, el hecho de que un grupo luche por ganarse al público y a la crítica es, y siempre será, algo plausible.

En fin, dentro del mundo del indie las modas se suceden a la velocidad de la luz, pero hay auténticas joyas que ya sabemos que perdurarán en el tiempo y entrarán a formar parte de esa interesantísima historia de la música rock. Hay discos de ahora que pondrán música a nuestro funeral, y otros que borraremos de nuestro recuerdo con el paso de los años.  Podemos degustar la caca y comerla con cubertería de plata. Ir de bohemio intelectual es atractivo, pero siempre y cuando haya una sólida base de conocimientos que le den credibilidad a esa pose. Aunque en realidad, sólo la usan los que temen que se descubra su escasa cultura musical.

Me despido con una joya inmortal que cuando todo el indie de este país caiga en el olvido, seguirá conservando el poder del primer día. Curiosamente, se trata de un mainstream.

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Acerca de Wiggum Banda

Hubo una época en la que el POP vestía de llamativos colores cada rincón de nuestras casa, oficinas y calles. Había tantas combinaciones de colores que ya nunca ningún ser humano volvió a ser igual que el resto. Cada uno era diferente. Esas diferencias, si se aislaban individualmente, acababan perdiendo su alegría para convertirse en diferentes tonalidades de grises y negros, lo que generaba una imagen triste y desoladora. Nacieron las culturas "anti-", y el color peligraba. La cultura "anti-" se basaba en separar esas coloreadas individualidades, para dejarlas marchitar y generar tenebrosos paisajes. Así que el Rey de ese mundo de color decidió contratar los servicios de 4 jóvenes y crear una ejército para mantener intacto el color. El Rey encargó al sastre una bandera con hilo de oro para tejer en ella los nombres de grandes artistas que mantendrían la fe de esos 4 muchachos. Y les bautizó con el nombre de Wiggum. Wiggum luchó contra esas culturas "anti-" (o anticulturas), con melodías empapadas de colores que teñían de variedad todo aquello que tocaban. No se trataba de inventar colores, Wiggum los transmitía en canciones para que nunca quedaran marchitos en el olvido. "¡Sumemos!" gritaban los componentes de Wiggum cuando escribían canciones. Querían sumar colores, emociones, sentimientos, melodías, palabras,... generar pequeños mundos de color. Y poco a poco, las diferencias empezaron a sumar. Y se convirtieron en canciones eternas que hablaban sobre los tiempos oscuros cuando, con sólo 10 canciones, fueron derrotados por un ejército de sonoros colores.
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