Aias en “La Pedrera” y el extenso mundo indie

Ayer fui con mi novia a ver a las Aias (compañeras de sello de Wiggum) en un íntimo concierto que ofrecieron en La Pedrera de Barcelona. Tengo que reconocer que llegamos 10 minutos tarde y no pudimos presenciar la totalidad del concierto. Yo nunca las había visto en directo, así que ayer sacié esa intriga.

Cabe decir que Aias se han convertido en un fenómeno digno de estudio en el mundo indie español con su álbum de debut “A la piscina“. El hecho de haber fichado por una pequeña discográfica neoyorquina les abrió un buen puñado de puertas en los medios españoles (cantan en catalán pero generan interés más allá de las fronteras catalanas). En nuestras tierras fue El Genio Equivocado el sello que las fichó, y que actualmente gestiona sus movimientos.  Pero lo sorprendente es que en muchas apariciones televisivas y radiofónicas se remarca y se subraya (en ocasiones sin mencionar ninguna de sus canciones) que han firmado con un sello americano. Ya sabemos de muchos otros casos en los que el mero hecho de cruzar el charco genera una tsunami de fama e interés repentino en nuestro país. Me pregunto si habrían generado esta explosión de interés sin el hecho de pertenecer a algo americano, y para responderme recurro a una escucha detenida de su disco de debut y a mis sensaciones tras el concierto de ayer noche. Debo explicarlo, sin ánimo de hacer ninguna crítica, ya que este blog no ha sido creado para emitir juicios, ya sean positivos como negativos, sobre el trabajo de otros compañeros del gremio. Este hecho lo convertiría en un blog musical más y ya existen muchos y mejores (que el nuestro).

La portada de “A la piscina” debería llevar una advertencia para todos aquellos que no han entendido aún las leyes del indie (o su ausencia). Los que no andan muy rodados en este mundo deben saber que el indie abarca y acepta terrenos que las grandes producciones prohíben. De este modo, en el indie, se aceptan por igual las voces refinadas como las que poseen taras más o menos marcadas, lo mismo ocurre con las guitarras, baterías, bajos, teclados,… No se trata de demostrar técnica y virtuosismo, sino de lograr texturas con todo lo que pueda generar un sonido. Por este motivo, el “novato” en el indie debe ser advertido de que está entrando en un mercado en el polo opuesto de lo ofrecido en los más populares medios de comunicación. Y debe tener muy claro también que en el “indie” la música se saborea no 1 sino varias veces, con calma y a sabiendas que el placer va a ir aumentando con cada escucha. Si se dispone de esta actitud, ya tenemos ganada la capacidad de disfrutar y perdemos el miedo a todo tipo de retos, como por ejemplo el que genera Aias. Es un reto porque, dicho por ellas mismas en alguna entrevista, aprendieron a tocar hace apenas 2 años, quizás menos. Y esa es una ley musical que sólo puede permitirse en el indie. En consecuencia, tanto el disco como su directo suenan como cabe esperar, o no. Ayer en la Pedrera pude observar que la técnica era la perfecta para generar su sonido característico. Es más, creo que ni con los 20 años de guitarreo que llevo a mis espaldas, yo conseguiría sonar como ellas. Porque una vez aprendida la técnica es realmente difícil olvidarla para generar otros sonidos sin el pulido de la experiencia. De ahí que grandes pintores que ya dominaban el realismo con genial perfección, decidieran derrumbar esos conocimientos para construir sobre ellos el cubismo, el impresionismo, y muchos otros estilos de inmensa y distorsionada belleza. Eso es lo que pude sentir ayer, igual que al escuchar su disco. Los acordes y estructura de las canciones son simples, inocentes, virginales. Son canciones que te obligan a retroceder en el tiempo, tanto si quieres como si no. Te devuelven a la niñez, y no hay mayores pretensiones. Cometerás un error si las miras con ojos de persona madura, o si te crees melómano ducho en conocimientos musicales. Son la inocencia indie, canciones vírgenes que deben permanecer así en el tiempo si no quieres ensuciarlas.

Así pues, a lo que iba,  me pregunto si era necesaria la noticia sobre su fichaje por el sello neoyorquino para que pudiéramos valorarlas y apreciarlas. Sabemos de bandas que han ido de gira por el continente americano, haciendo conciertos con una media de 4 asistentes por bolo, y que han vuelto a España como gigantes iconos de nuestra cultura. En este país parece que USA sea el paraíso de la sabiduría y el “saber hacer”, y que nuestro criterio sea una caca de paloma a esperas de que aparezca una cagada con barras y estrellas. Me gusta creer que grupos como Aias habrían conseguido lo mismo vinieran de donde vinieran, y es así lo que creo. Con un debut tan fulgurante estoy convencido de que en un futuro cercano hablaremos más de sus canciones que de si en New York City también las han sabido apreciar.

Acabé el concierto con una sensación de buen rollo que había ido creciendo. Su música va totalmente acorde con su actitud,  y eso redondea la actuación. Seguramente si ellas fueran de divas o de grandes iconos musicales no habrían conquistado ni a la prensa ni al público. Pero son coherentes con lo que hacen y con lo que son. Y a mí me encanta que me dejen de buen rollo.

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Acerca de Wiggum Banda

Hubo una época en la que el POP vestía de llamativos colores cada rincón de nuestras casa, oficinas y calles. Había tantas combinaciones de colores que ya nunca ningún ser humano volvió a ser igual que el resto. Cada uno era diferente. Esas diferencias, si se aislaban individualmente, acababan perdiendo su alegría para convertirse en diferentes tonalidades de grises y negros, lo que generaba una imagen triste y desoladora. Nacieron las culturas "anti-", y el color peligraba. La cultura "anti-" se basaba en separar esas coloreadas individualidades, para dejarlas marchitar y generar tenebrosos paisajes. Así que el Rey de ese mundo de color decidió contratar los servicios de 4 jóvenes y crear una ejército para mantener intacto el color. El Rey encargó al sastre una bandera con hilo de oro para tejer en ella los nombres de grandes artistas que mantendrían la fe de esos 4 muchachos. Y les bautizó con el nombre de Wiggum. Wiggum luchó contra esas culturas "anti-" (o anticulturas), con melodías empapadas de colores que teñían de variedad todo aquello que tocaban. No se trataba de inventar colores, Wiggum los transmitía en canciones para que nunca quedaran marchitos en el olvido. "¡Sumemos!" gritaban los componentes de Wiggum cuando escribían canciones. Querían sumar colores, emociones, sentimientos, melodías, palabras,... generar pequeños mundos de color. Y poco a poco, las diferencias empezaron a sumar. Y se convirtieron en canciones eternas que hablaban sobre los tiempos oscuros cuando, con sólo 10 canciones, fueron derrotados por un ejército de sonoros colores.
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